¿Cuales son las tareas de un cuidador o cuidadora de ancianos?

Recurrir a los servicios de un cuidador o bien cuidadora de ancianos se ha transformado en una de las opciones alternativas más precisas para quienes no pueden hacerse cargo del cuidado de sus familiares con toda la dedicación que desearían mas tampoco están prestos a privarlos de la comodidad, seguridad y la libertad que representa proseguir viviendo en su domicilio.

¿Qué es una cuidadora de ancianos? Definamos el término

Una cuidadora de ancianos es quien se encarga de necesidades concretas de las personas mayores y/o dependientes, y sus funciones demandan capacidades para las que una persona sin experiencia no está preparada. Para quienes tengan contratada a una cuidadora de ancianos es esencial aclarar y acotar los términos del contrato desde el principio, como la lista de labores a efectuar en el domicilio para eludir ocasionales inconvenientes en la relación laboral y personal.

En el campo domiciliario, la figura de la cuidadora de ancianos presenta ciertas peculiaridades. Rasgos propios de esta profesión que nos sirven para marcar las diferencias entre los trabajos que efectúa una empleada doméstica y los que son propios de una cuidadora de personas dependientes.

Pese a tratarse de un término a veces un tanto difuso, es esencial comprender que una cuidadora es una persona encargada del cuidado de un miembro de la familia que sea por su edad o bien condición padezcan una situación de dependencia, contratadas para asistir a las personas con algún grado de dependencia a efectuar sus actividades de la vida diaria y a progresar su calidad de vida. Por este motivo, pero allí de las funciones relacionadas con la persona mayor y/o dependiente a la que asisten, las cuidadoras son responsables de producirles un entorno agradable y seguro en su hogar.

La figura de los cuidadores de ancianos desde una perspectiva personal

Basándonos en nuestra experiencia, somos conscientes que no podemos abordar la asistencia a personas mayores y/o dependientes como un trabajo mecánico, rutinario o bien impersonal. Las circunstancias de esta clase de trabajos demandan tanto de técnica mas sobre todo de empatía, con lo que las personas que se dedican al cuidado de ancianos no solo deben contar con la experiencia o bien los conocimientos precisos de cara al desarrollo de sus funciones sino más bien asimismo deben contar con una sensibilidad singular en el trato ante situaciones como estas.

Aunque se deben establecer unos límites entre lo personal y lo rigurosamente profesional, la verdad es que la situación ideal es aquella en la que se desarrolla una conexión particular entre la cuidadora y la persona que está a su cargo. Como es natural, no se trata de una circunstancia espontánea o bien casual, sino más bien del fruto de un trabajo bien hecho, de la dedicación y de la vocación de asistir a el resto y de hacer su día tras día considerablemente más entretenido y agradable. Indudablemente, un vínculo que no se edifica de forma superficial, y que hay que saber manejar con habilidad a fin de que las emociones no comprometan el desarrollo de un trabajo profesional.

La cuidadora debe comprender que hay un tiempo para dejarse cuidar y otro para cuidarse, respetando los límites de la amedrentad de paciente y familiares, la autonomía de este para efectuar ciertas labores con total independencia y la necesidad de localizar su espacio en unas rutinas esenciales para preservar un elevado nivel de calidad de vida.

Obligaciones y necesidades: Los límites del cuidado

En Como en familia defendemos que una cuidadora de ancianos es una persona con total vocación y entrega quien se hace cargo del cuidado de personas mayores y/o dependientes. Una cualificación que debe disfrutar del reconocimiento de las familias y de la sociedad generalmente. Sin embargo, en el desarrollo de su actividad en el cuidado domiciliario es frecuente que broten determinados enfrentamientos al no estar bien acotadas las funciones propias de su profesión o bien al no haber aclarado suficientemente los términos de la relación laboral con la familia.

Aclarado este punto, resulta conveniente rememorar cuáles son los límites del cuidado de una persona dependiente por la parte de una cuidadora o bien cuidador de ancianos. En este sentido, entre las obligaciones no se contempla:

La domesticidad o bien el uso en el hogar. Aunque la utilidad es lo que da sentido a la identidad laboral de las cuidadoras de ancianos, esta no debe comprenderse fuera del contexto de la asistencia a otra persona.
La administración de los temas personales del paciente o bien de sus familiares.
Atender a otros miembros de la familia, tal y como si asimismo estos estuviesen a su cargo.
Tomar resoluciones esenciales representando a la persona a su cargo.
En ausencia de un marco legal que establezca de forma más clara los límites del trabajo del cuidador, va a haber que apelar al código ética basado en la honestidad, la confianza mutua y la humanidad. Al fin y al postre, la finalidad de esta relación es la de asegurar el bienestar de un familiar dependiente sin que ello implique la humillación laboral del cuidador.

¿Qué labores pueden solicitar las familias a una cuidadora de ancianos?

Contar con el apoyo de una cuidadora de ancianos en casa contribuye a redistribuir las labores rutinarias de tal forma que todos y cada uno de los miembros del hogar salgan favorecidos con el cambio, singularmente la persona a la que se le prestan de manera directa estos servicios. Esto implica desde sostener la habitación limpia y arreglada, hacer las camas y mudar las sábanas, hasta preparar el alimento de la persona a su cuidado.

Asimismo se les puede pedir a las cuidadoras a efectuar actividades fuera del hogar, como salir a caminar de manera segura al lado del familiar dependiente. Las compras asimismo pueden estar bajo la responsabilidad de las cuidadoras, compras de elementos precisos para la persona a la que cuidan y para la preparación de una dieta conveniente a sus necesidades.

Podemos terminar con que una cuidadora de ancianos es responsable del mayor y por este motivo sus funciones son todas y cada una de las relacionadas con el cuidado de este y de su entrecierro.

Inspeccionar a la persona a su cargo en todo instante.

Promover la actividad y las relaciones sociales con otras personas de su entrecierro.
Sostener unas rutinas de higiene convenientes.
Asegurar una dieta variada y saludable conforme a las necesidades de cada persona.
Efectuar labores básicas de orden y limpieza en el hogar para sostener un entrecierro limpio y agradable para la persona mayor.

Asegurar la movilidad de las personas con necesidades singulares a fin de que siempre y en toda circunstancia se sientan cómodas.

Ofrecer compañía para eludir los inconvenientes derivados de la soledad en la vetustez.
Al contrario las cuidadoras no son responsables del cuidado del resto de la familia, de manera que la limpieza del hogar o bien la adquisición del súper para toda la familia no entra en las cosas que podemos pedir al cuidador o bien cuidadora.

Por el bien de un mejor cuidado para nuestros familiares dependientes es esencial cultivar una relación de respeto mutuo entre la cuidadora y la familia. Cuanto más fluida y cordial sea el trato entre las dos partes y más trasparencia exista en lo que a obligaciones, derechos y responsabilidades se refiere, más posibilidades tendrá que que esta experiencia sea un éxito tanto para el paciente y su entrecierro para el cuidador.

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