Cómo es vivir con una persona con Alzheimer

Las Personas Mayores son la memoria de un pueblo y maestros de la vida. Cuando una sociedad no cuida a sus ancianos niega sus propias raíces y simplemente sucumbe.

Esta enfermedad representa la causa más frecuente de trastornos cognitivos y demencias en mayores de sesenta y cinco años. “Es doloroso ver de qué manera el entendimiento por medio de la palabra que se tenía con esa persona querida se marcha diluyendo”, contó a Infobae.com un hombre cuya madre sufrió el mal por quince años

Las demencias representan un conjunto de trastornos que afectan las capacidades mentales y comprometen funciones cognitivas como la memoria, el lenguaje, la atención y la orientación.
La enfermedad de Alzheimer representa la causa más usual de trastornos cognitivos y demencias en mayores de sesenta y cinco años y en su evolución puede limitar de forma progresiva la independencia de la persona involucrada, haciendo que sean dependientes de terceros para poder realizar sus actividades cotidianas.
Este mal es el encargado de aproximadamente el sesenta por cien de las demencias en las personas mayores, estando el cuarenta por ciento restante provocado por otras causas como las causas mixtas, las demencias relacionadas a la enfermedad de Parkinson, la demencia vascular o bien la demencia frontotemporal, entre otras.
En el día mundial de la enfermedad, Infobae.com charló con Hernán, un hombre de cuarenta y dos años, que a lo largo de 15 convivió con una mamá que enfermó de Alzheimer muy joven (a los 63 años).

“Es realmente difícil la convivencia. Como en todos y cada uno de los casos en los que un familiar se enferma, requiere de una parte de uno mucho amor, paciencia y comprensión, mas en el caso del Alzheimer, es fundamental entender que hay una manera de vincularse que terminó: el entendimiento por medio de la palabra, las diferentes maneras de diálogo que se tenían con esa persona se van diluyendo o acotando”, confió Hernán, al tiempo que reconoció que “ese es uno de los puntos más dolorosos y difíciles de la enfermedad. Comprender que allá hay una pérdida, admitirla y saber que en ese vínculo es uno el que debe modificar aspectos de la relación sencillamente pues el otro no puede hacerlo“.

Tras asegurar que el cada día “es doloroso”, el hombre destacó que le tocó ver “cómo esa persona querida va cada día perdiendo capacidades“.

“Esas pérdidas son como puentes o caminos para llegar al otro que se van cortando. Es el caso inverso a convivir con un pequeño de corta edad. Se deben imponer al otro acciones que debe adoptar en su vida rutinaria. La diferencia es que el pequeño las va incorporando, al mismo tiempo que desarrolla cada día nuevas habilidades. En cambio el enfermo de Alzheimer las va perdiendo día a día“, añadió.

Consultado sobre el rol que debe asumir la familia de este tipo de pacientes, Hernán resaltó que el entorno necesita buscar la ayuda profesional precisa y esencialmente “apoyarse entre los diferentes miembros por el hecho de que el que debe enfrentarse con esta problemática vive un desgaste constante“.

Y sobre cuál es la mejor forma de contener al enfermo, el hombre fue concluyentes y emocionante: “La mejor forma es tener un acto de fe. Guardando la esperanza profunda de que en algún rincón de esa persona que va alejándose del comprensión, existe un sitio que le permite ser receptor del amor que uno pretende darle. Es la mejor forma de encontrar una usina que le dé energía a una labor que es dura desde lo sensible, lo físico y lo mental”.

Para saber más sobre este mal

Los pacientes con demencia por enfermedad de Alzheimer suelen presentar de forma característica olvidos para hechos recientes reiterados, lo que los lleva muy frecuentemente a repetir ciertas preguntas o bien conceptos múltiples veces en el día. Esta situación suele preocupar a las personas del entorno más cercano de la persona perjudicada. Además, suelen manifestar con el tiempo problemas en el lenguaje, en la orientación, en la capacidad de organizarse o en la entendimiento y análisis de distintas situaciones. Pueden por estas causas presentar contrariedades en la realización de hechos cotidianos como la toma de fármacos, el manejo del dinero o de las finanzas personales o la realización de sus tareas habituales. Por otro lado es usual que se asocien síntomas de conducta como irritabilidad, ideas equivocadas (como por servirnos de un ejemplo que alguien está planificando hacerles daño o bien robarles, o celos excesivos con su conyugue), ansiedad o depresión, entre otros muchos. Es esencial destacar que aunque el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer en su inicio comparten el olvido, la pérdida de memoria que se puede observar es diferente. En los frecuentemente llamados “olvidos benignos” normales del envejecimiento, lo que el sujeto suele olvidar son parte o detalles de situaciones, por poner un ejemplo el nombre del actor de una obra de teatro a la que asistió. Estos hechos olvidados acostumbran a ser recordados sencillamente al aparecer ayudas externas como claves y suelen mantenerse estables con el paso del tiempo.
Al contrario, en la enfermedad de Alzheimer los sujetos acostumbran a olvidar la situación por completo, como por servirnos de un ejemplo haber ido al teatro, y además no la recuerdan pese a que se den rastros o bien pistas. Como mentamos ya antes, estos olvidos acostumbran a traer complicaciones en la esfera laboral y familiar y frecuentemente avanzan de forma sostenida en el tiempo, haciéndose cada vez más reiterados. Es esencial mencionar que en los últimos tiempos se puso singular atención en entidades que se ubican en un punto intermedio entre los individuos ancianos normales y los que cumplen con la definición de demencia, y que se hallarían en una situación de riesgo mayor de transición cara esa última entidad. Este punto intermedio se denomina deterioro cognitivo leve.
Esta línea de pensamiento se basa en la idea que las enfermedades de este tipo no modifican la condición del paciente de manera súbita, de cuajo, sino la progresión suele ser lenta, con diferentes estaciones medias entre un punto y el otro. Muchos de los esfuerzos de los científicos apuntan a poder arribar a un diagnóstico lo más temprano posible, para así poder comenzar el manejo y el tratamiento del paciente cuanto antes.

¿Se puede prevenir?

Aunque las posibilidades de presentar demencia por alzhéimer no pueden evitarse totalmente, ya que el principal factor de peligro de sufrirla es el envejecimiento y es imposible detener el avance del tiempo, se probó que las personas que se sostienen activas físicamente, mentalmente y socialmente hasta llegar a edades mayores presentan menor riesgo de padecer este género de dolencias.

Esto es debido a que los cerebros y las neuronas de los pacientes activos y también integrados a este tipo de actividades acostumbran a llegar más fuertes y mejor preparados a edades avanzadas, donde los peligros de padecer Alzheimer y otras demencias son mayores. Lo mismo ocurre con los individuos que logran tener un buen control de los factores de peligro vascular como la hipertensión arterial, la diabetes, el incremento del colesterol, el tabaquismo, entre otros, así como con las personas que consumen una dieta balanceada, con bajo contenido de grasas y fritos y una mayor proporción de frutas, verduras, legumbres y pescado.

Sin duda, tener un cerebro activo y un modo de vida saludable durante todas y cada una de las etapas de la vida es una de las mejores estrategias para defendernos del Alzheimer y de otras demencias.

¿Qué hacer frente a los primeros síntomas?

Ante la sospecha o preocupación de que esté ocurriendo un cambio en alguna de las funciones mentales superiores citadas (memoria, orientación, capacidades en el lenguaje, síntomas en la conducta) es importante efectuar una consulta a un neurólogo con experiencia en este género de inconvenientes. Es el profesional interviniente quien en la consulta elaborará preguntas, efectuará diferentes pruebas y de ser preciso solicitará estudios complementarios (laboratorio sanguíneo, imágenes del cerebro, evaluación neurocognitiva), intentando llegar a un diagnóstico de lo que ocurre.

¿De qué manera es el tratamiento?

A pesar de que existe un sinnúmero de estudios de investigación en curso, tristemente no existen en la actualidad tratamientos que permitan sanar esta enfermedad. De todas formas, si bien aún no se puede curar el Alzheimer se lo puede tratar, y para esto si tenemos muchas herramientas disponibles, ya sea usando fármacos o amoldando el entrecierro del paciente. Para un mejor manejo sintomático de las personas perjudicadas es esencial un abordaje integral, que incluya actividades recreativas y estimulantes que acostumbran a asistir a lograr una mejor calidad de vida del paciente y de su familia. También, es de gran importancia un correcto manejo de los factores de peligro vascular como la hipertensión arterial y la diabetes, entre otros. Los tratamientos farmacológicos libres actualmente para la demencia por alzhéimer incluyen fármacos que demostraron progresar ciertos aspectos relacionados a las capacidades cognitivas, a las manifestaciones conductuales y a las habilidades funcionales de los pacientes perjudicados. Entre ellos se mencionan los inhibidores de la enzima colinesterasa (donepecilo, rivastigmina y galantamina) y los antagonistas de unos receptores cerebrales para el glutamato llamados NMDA (memantine).

De forma complementaria, ciertos estudios recientes sugieren que la estimulación cognitiva puede también tener beneficios en esta población. Un enfoque integral del paciente perjudicado y de su entorno nos deja mejorar la condición física, mental y social de toda la familia implicada en esta enfermedad.

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